Propósito y Dedicatoria

Este blog es una especie de "colección virtual", ya que en realidad no tengo la mayoría de estas piezas filatélicas. Quiero dedicarlo a dos filatelistas que conocí hace años y que despertaron mi sensibilidad por este tema, aunque no al punto que me llevaran a coleccionarlo. El primero que nombro es el ya fallecido Juan Bosco Oberti (Paysandú 1935-Montevideo 2016), uruguayo, de quien pude ver en una exposición su colección que se titulaba más o menos como este blog. No lo recuerdo con precisión. El otro es Humberto Brumatti, argentino, que coleccionaba motivos uruguayos en la filatelia argentina y motivos argentinos en la filatelia uruguaya. Para ambos este modesto homenaje.

martes, 14 de junio de 2016

Barón de Río Branco (Brasil, 1944)




País emisor: Brasil
Fecha de emisión: 7 de junio de 1944
Motivo de la emisión: Inauguración del Monumento al Barón de Río Branco en el Palacio de Itamaraty, Rio de Janeiro.

Fotografía del monumento que aparece en la estampilla de Brasil

El reverso sonriente de la diplomacia brasileña

De esa forma calificaba el historiador Enrique Mena Segarra al Barón de Río Branco. En su obra "Frontera y Lìmites", Colección Nuestra Tierra, Nro. 42, Montevideo, 1970, Segarra incluye una foto del monumento al diplomático brasileño en Montevideo. En el epígrafe se lee: "Monumento al Baròn de Rìo Branco, homenaje al reverso sonriente de la diplomacia brasileña". He aquí el monumento que se encuentra en la capital uruguaya:


Se trata de una obra del escultor Pablo Mañé, ubicada en la confluencia de las avenidas Brasil y Dr. Francisco Soca y la calle Libertad, realizada en mármol blanco de Carrara.

Hay muchos otros homenajes al Barón: nombres de calles, otros monumentos en ciudades del interior y, sobre todo, se dio su nombre a una población de la frontera uruguayo-brasileña: por Ley 5.330 de 31 de agosto de 1915, la Villa Artigas, en el departamento de Cerro Largo, pasó a llamarse Río Branco.

¿Por qué todos esos homenajes? ¿Quién fue el Barón de Río Branco?

Seguimos el trabajo mencionado de Enrique Mena Segarra. En 1847 Uruguay se encontraba en los años finales de una prolongada guerra civil, la llamada "Guerra Grande". El gobierno de la Defensa, atrincherado en Montevideo, no ve otra salida a su difícil situación que el entendimiento con Brasil. El canciller Herrera y Obes envía a Río de Janeiro a Andrés Lamas, como ministro plenipotenciario.
Lamas pronto advierte que no habría apoyo sin una previa convención de límites. Las negociaciones son lentas y la situación de la Defensa se hace desesperada. Se faculta a Lamas para renunciar a las reclamaciones que Uruguay tenía sobre antiguos límites. Los brasileños señalan que Río Grande do Sul pide como límite el río Daymán, pero el gobierno imperial acepta que el límite quede en el Arapey. Lamas mantiene la desembocadura del Cuareim. El tratado finalmente aprobado el 12 de octubre de 1851 cede buenas franjas de tierra uruguaya, pero además se renuncia a las aguas del rìo Yaguaròn y de la laguna Merín y se cede a los brasileños tierra en la margen uruguaya para que puedan ahí construir puertos. Junto a este tratado de límites se firmaron otros sobre diferentes asuntos, por lo que se habla de "los tratados" de 1851.
Establecida la paz en Uruguay, el gobierno buscó y logró mejorar lo acordado, con un tratado firmado el 15 de mayo de 1852.
Siguió una política de afirmación y cuidado de las fronteras, que vivió los altibajos de la inestabilidad política del uruguay.
A principios del siglo XX las relaciones entre Argentina y Brasil se volvieron muy tirantes.
En ese contexto, el canciller argentino Estanislao Zeballos lanza una torpe reivindicación del dominio exclusivo del río Uruguay y el Río de la Plata, con la curiosa tesis de que Uruguay es un país de "frontera seca".
Pero aquí llegamos a nuestro personaje.
El canciller brasileño es José Maria da Silva Paranhos Junior, Barón del Río Branco (Río de Janeiro, 20 de abril de 1845 - Río de Janeiro, 10 de febrero de 1912) .
El Barón obtuvo la simpatía de Uruguay con la concesión de lo que se reclamaba desde medio siglo atrás: la libre navegación del río Yaguarón y de la laguna Merín. Pero fue aún más allá, cediendo al Uruguay las aguas e islas de la laguna Merín al oeste de una línea convencional que seguiría la distancia media o el canal principal, y las aguas del yaguarón hasta el "thalweg" en la parte navegable, y hasta la línea media, río arriba.
La navegación quedó libre. Los barcos mercantes uruguayos fueron autorizados a salir al océano por el rio San Gonzalo, la laguna de los Patos y la barra del río Grande.
A la muerte del Barón de Río Branco, el gobierno se apresuró a construir un monumento para rendirle homenaje.
En el mensaje que dirigiera al Parlamento con el proyecto para tal obra, el entonces presidente José Batlle y Ordoñez señaló:
[...] tenemos grandes y especiales razones para considerar su muerte como un duelo nacional, porque él fue amigo sincero y cordial del Uruguay, porque en su mente privilegiada surgió la idea de la reparadora y memorable rectificación de límites entre los dos países, consagrada en el Tratado del 30 de octubre de 1909.
Sobre esto concluye el historiador Gerardo Caetano:
Fue sin duda un momento especial en la historia de las relaciones políticas y diplomáticas de la región. Se trataba nada menos que de un «tratado de rectificación de límites» revisado por «razón de justicia». Apostaba de manera inteligente a la forja de mejores equilibrios en la geopolítica de la cuenca del Plata, dejando sin fundamentos la tesis zeballista sobre el Uruguay como país de fronteras secas. [...] Constituía además un gran precedente para el progreso del derecho internacional. Y desde todo eso, presuponía para el Brasil, con el símbolo emblemático de la figura del barón de Río Branco, el norte de la construcción de una política internacional estratégica, afincada en lógicas de solidaridad inteligente.
Gerardo Caetano, "A cien años de la muerte del barón de Río Branco", Cuadernos del CLAEH Nº 100, Montevideo, 2ª serie, año 33, 2012/1

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